Vender o comprar en el exterior es una actividad cotidiana para muchas empresas. Una actividad con ciertas peculiaridades y diferencias cuando la comparamos con el comercio interior.

La distancia desde el punto de origen al punto de destino suele ser mayor y, a menudo, requiere de medios de transporte no habituales en la operativa nacional y que implican una logística más compleja y con mayores riesgos.

Con frecuencia resulta difícil obtener información adecuada y suficiente respecto a la solvencia y la integridad de la parte a la que se vende o compra. Implica legislaciones y sistemas jurídicos nacionales distintos –a veces muy distintos– del nuestro. Los requisitos de aduanas, las características particulares de cada sistema financiero, el acceso y el funcionamiento de los tribunales de justicia…

Todos estos factores aumentan el riesgo que la operación comercial termine de forma imprevista. La documentación comercial es más compleja y a menudo se trata de documentos que son desconocidos para quien solo está habituado al negocio local.

El uso de monedas distintas es una característica prácticamente exclusiva del comercio exterior. Cuando las partes no comparten la moneda, deberían tener en cuenta el riesgo derivado de las posibles fluctuaciones en el tipo de cambio. Puede comportar adaptaciones en el producto, en su presentación o en su distribución, tanto por razones puramente comerciales o culturales como por exigencias legales (barreras no arancelarias).

Hay que considerar el riesgo de carácter no comercial, tanto si se trata de un riesgo extraordinario o catastrófico como, sobre todo, si se trata del denominado riesgo país. Ambos pueden impedir el pago o la entrega de las mercancías por causas ajenas a la voluntad del cliente o proveedor.

Como consecuencia, los mecanismos de pago utilizados en el comercio internacional son o bien los medios de pago habituales, pero con un buen número de particularidades para tener en cuenta, o bien se trata de medios de pago poco habituales en el comercio interior.

Otra consecuencia de lo expuesto es que los mecanismos de financiación también tienen características y comportamientos específicos y, en general, diferenciados cuando se trata de operaciones de comercio exterior. Además, en muchas ocasiones las partes deben entenderse en un idioma que no les es propio, a lo que a menudo deben sumarse unas costumbres comerciales y unos hábitos culturales distintos, lo que en conjunto puede llevar a malas interpretaciones y a desencuentros innecesarios.

Las barreras no arancelarias

No olvide comprobar cuáles son las condiciones de acceso para sus productos al mercado de destino. En ocasiones, las autoridades aduaneras exigen el cumplimiento de requisitos especiales: certificaciones, controles, marcas, etiquetado, empaquetado, etc.

A menudo, el objetivo de estos controles es dificultar el acceso a sus mercados y proteger la producción interna. A este tipo de restricciones de acceso se las conoce como barreras no arancelarias.

Para saber cuáles pueden afectar a su exportación consulte en el Market Access Database de la Unión Europea.

También puede acudir directamente al servicio de aduanas del país en cuestión a través de la Organización Mundial de Aduanas, donde también podrá consultar las tarifas arancelarias.